Desde hace siglos los rebaños de ovejas forman parte del paisaje natural y cultural de nuestra provincia. La carne cuenta con un gran prestigio, tanto a nivel nacional como internacional, por su calidad.
El cordero lechal o lechazo, como se le conoce popularmente, es de color blanco nacarado o rosa pálido, sabor suave con una carne tierna y jugosa.
El peso máximo para el sacrificio es de once kilos y una edad de unos 25 a 30 días. Se alimenta únicamente de leche materna.
El lechazo de Castilla y León procede de las razas autóctonas churra, castellana y ojalada, y pasta entre los rastrojos de cereal y vegetación natural a una altitud media de 1.000 metros. El producto que se encuentra dentro de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de Lechazo de Castilla y León, reconocida por la Unión Europea, se puede reconocer por la vitola identificativa en los cuatro cuartos del cordero.
Las ovejas de las citadas razas, en rebaños entre 100 y 800 cabezas, son conducidas por expertos pastores y recorren la meseta pastando la vegetación espontánea gracias a una legislación que favorece este particular sistema de producción.
Receta
Elaboración:
El lechazo asado debe realizarse preferiblemente en horno de leña, a 180 grados centígrados. Se unta el lechazo en disolución de agua salada, y se coloca en un plato de barro con base de agua. A continuación se introduce en el horno durante una hora y media. Debe quedar tostado en el exterior y tierno por dentro. La salsa es el jugo que suelta el asado.
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